viernes, 9 de abril de 2010

La ardilla y la mujer

Vayamos a crear. Vamos a crear una historia. Pensemos en palabras, muchas y muchas palabras. Ahora imaginemos imágenes. De nuestro alrededor, paisajes, caras, del mundo. Sintamos. Busquemos aquellos sentimientos que nos persiguen últimamente. Tristeza, positivismo, decepción, felicidad, amor. Lo que sea. Juntémoslos y creemos. Veo una mujer. Morena de piel. No muy mayor. Va paseando por un largo camino rodeada de enormes árboles. No es un paisaje mediterráneo. Su cara no muestra alegría. Más bien todo lo contrario. Ella camina y camina, día y noche. Pero no llega a ningún lugar. Hasta que un día se encuentra con una ardilla. Si, con una ardilla. La ardilla se para en frente de ella y se queda mirando a la pobre mujer. Al cabo de un rato la mujer, ignorando a la ardilla, sigue andando. Pero al darse la vuelta se da cuenta de que la ardilla sigue su mismo camino.

-No quiero que me sigas- le grita la mujer al pobre animalito.

La mujer se da cuenta de lo que esta haciendo. Está en medio de un bosque hablando con una ardilla.

-ya estoy perdiendo la cabeza- se dice en voz alta.

Pero sigue con su camino y la ardilla con ella. La mujer decide no decirle nada e ignorarla mientras anda y anda sin destino.

Con el paso del tiempo a la mujer ya le quedan pocos días de vida y su relación con la ardilla no es mucho mas que al principio.

- me has estado acompañando durante todo el camino, y yo he sido tan estúpida de ignorarte en vez de aprovechar que tenía compañía-

Y aquí acaba esta historia. Y en un principio diremos que no tiene sentido alguno. Eso es que no hemos entendido nada. Pero al ser tan corta no nos va a costar leerla de nuevo. Hagámoslo para encontrarle sentido a tal historia. Y aunque no sea un sentido universal, que cada uno encuentre el más adecuado para su vida y saque sus propias conclusiones de una historia tan simple como la de la ardilla y la de la mujer.

martes, 6 de abril de 2010

Entre la espada y la pared.

Lo siento, no me acuerdo de quién eres. De verdad, tu cara me suena, pero no recuerdo exactamente de qué. No me suele pasar esto, siempre tengo buena memoria con la gente que he conocido en mi vida, pero de ti no me acuerdo. Eres un caso especial. Intento profundizar en tu mirada. Lo intento repetidas veces y no sirve de nada. Siento intriga por saber de ti, por saber qué pasa por tu mente. Se que has estado en mi vida unas cuantas veces. Eres como un alma fugaz. Vas divagando de alma en alma. Y de vez en cuando paras en mí. Pero conmigo lo haces de forma distinta.
¿Qué eres? De cada vez dudo más que seas una persona humana. Por qué sabes atrapar tan bien a la gente. Por qué conmigo lo haces tan especial. Te prometo que no te conozco lo mas mínimo y sin embargo dejaría la vida por ti. Cómo puede ser real una cosa así. Qué haces en esta vida. ¿No serás un ángel caído del cielo?
Podrías hacer algo por mí. ¿Tú no me harías un favor? ¿No podrías renunciar a lo que eres, por mí? ¿No renunciarías tu pasado y te quedarías conmigo el resto de la vida?
Yo lo haría. Tu poder me tiene atrapado. Me encuentro entre la espada y la pared. Necesito que me claves la espada de una vez. Lo prefiero antes de salir corriendo y sentirme humillado habiéndote abandonado. Pero, por favor, dime quién eres ¿vienes de algún lugar en especial? No puedo más con esta agonía. Abandona tu pasado o clávame la espada. Necesito que te decidas. Pero necesito que lo hagas ahora mismo.